domingo, 6 de julio de 2008

El abrazo del «Doc»

Era la noticia de inicio de la semana y domingo en web estuvo ahí. Vladimiro Montesinos tras ingresar a Sala Penal Especial de la Corte Suprema instalada en la Dirección de Operaciones Especiales (DIROES) gritó, fanfarroneó y ensució a quienes acusan a su jefe (Alberto Fujimori) y, por supuesto, lo defendió, o al menos eso nos hizo creer a todos. Casi tres horas y media le bastaron para armar el show. Un show que dos días después dejó de existir jurídicamente por decisión del Tribunal.

Eso mismo, el testimonio del ex asesor presidencial, Vladimiro Montesinos, desde el pasado miércoles, ya no tiene «valor ni efecto alguno» para el juicio que se le sigue a Alberto Fujimori por los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, y los secuestros en los sótanos del SIE.

Si bien las declaraciones del «Doc» ya no serán tomadas en cuenta dentro del proceso, para la gran mayoría de los que observamos el juicio es evidente que la alianza entre Vladimiro y Alberto se mantiene intacta. Las miraditas cómplices y las guiñaditas de ojo son algunos indicios que nos ayudan a confirmar lo que ya nos imaginábamos desde hace tiempo, que no importa el alejamiento y la distancia, siguen siendo socios, se necesitan y dependen uno del otro.

Empieza el show
Soberbio, altanero, aceleradísimo, agresivo y hasta irónico durante todo el interrogatorio, el ex asesor contestó sólo lo que le dio la gana contestar y se dedicó a ningunear la inteligencia del fiscal supremo, José Peláez Bardales.

Todas las respuestas estaban calculadas y se ceñían a un libreto. Cuando una interrogante no era de su agrado, algunas veces argumentaba que su condición de hombre de inteligencia lo obligaba a guardar silencio y en otras que como abogado no podía revelar detalles de sus vínculos con sus clientes.

Cuando el fiscal Peláez le preguntó sobre los problemas judiciales que le ayudó a resolver a Fujimori, días antes de la segunda vuelta electoral de 1990, Vladimiro no dudó en demostrar la lealtad a su «Chino». «Tengo que ser leal a la persona que confío en mí. Los detalles no los puedo decir así me cuelguen. Yo tengo la obligación de guardar el secreto de lo que el presidente Fujimori me reveló».

El oficial de inteligencia inactivo, como él mismo se autodenominó al inicio de la audiencia, se dio tiempo para revelarnos que ya tiene un lugar reservado en la historia peruana contemporánea no solo por sus «vladivideos», sino porque en 1990 salvó al Perú- junto a su jefe de ojos chinitos y cariño bonito- de la balcanización que tenía planeada para nosotros el mismísimo Henry Kissinger, ex secretario de Estado norteamericano. «Sorry», Vladi, pero videíto manda. Ver para creer, así nos enseñaste.

Este héroe del sistema de inteligencia peruano, émulo del Superagente 86, nos dejó otra perla que lo pinta de cuerpo entero. ¿Señor Montesinos, quiere usted decir que por razones de Estado se pueden cometer delitos? pregunta el fiscal Peláez. Sin dudarlo ni un segundo, Vladimiro responde con un breve pero significativo Sí. ¿Lapsus lingüis, como diría usted mi querido oficial de inteligencia inactivo (o de inteligencia inactiva)?

La fuga y el abrazo
Salvo pequeños detalles, todo parecía ir bien hasta ese momento para los intereses del ex presidente y el regocijo de la platea fujimorista. Montesinos se convertía hasta entonces en un testigo de peso que limpiaba a su jefe y que iba a hacer hasta lo imposible por demostrar que éste no tenía ninguna responsabilidad en los casos por los que hoy es procesado.

Pero fiel a su estilo, cuando empezó a sentirse incómodo y acorralado, mientras todos pensábamos se venía lo mejor del show, simplemente decidió desaparecer. “He decidido no hablar más y acogerme al derecho a guardar silencio”, sentenció el ex asesor.

Las sonrisas se borraron del maltrecho rostro de Alberto. Una mueca nerviosa se instaló nuevamente en su expresión. El recuerdo de la leucoplasia invadió sus pensamientos confundiéndose con las imágenes de la búsqueda que hizo por aire, mar y tierra de su socio luego del primer «vladivideo» en el 2000.

Al parecer, algo no salió como se había planificado. ¿Cuánto perjudicó o favoreció el testimonio de Montesinos a Fujimori?, es algo de lo que nos daremos cuenta recién con la sentencia de los magistrados. Lo que sí queda claro para casi todos es que a Fujimori no le ayudó en nada para el juicio mediático la declaración de su ex asesor. Por el contrario, le deja un sabor amargo y un saldo muy negativo.

El doble discurso de Vladimiro Montesinos quedó establecido desde el principio de la audiencia y puede resumirse así: Alberto Fujimori no es culpable de nada de lo que se le acusa, pero es mi jefe, y todo lo que se hizo o se dejó de hacer era con su conocimiento y aprobación.

César Nakazaki contó que se quedó con las ganas de someter a Montesinos Torres a un exhaustivo interrogatorio sobre las declaraciones escritas que ha dado y en las que afirma que recibía órdenes de Alberto Fujimori.

Terminada la audiencia, el abogado del ex presidente nos dejó una frase que nos hizo reflexionar. «Lo único que quiso Montesinos, con su presencia en la DIROES, fue saludar a todos y generar una situación mediática»”. Nos parece que entre los saludos que repartió, el «Doc» calculó un abrazo muy fuerte para su jefe, que se dejó seducir fácilmente. Algo parecido al abrazo del oso, que sofoca y asfixia. ¿Quién ayuda ahora a Fujimori con los primeros auxilios? ¿Será el ex comandante general del Ejército Peruano, Nicolás de Bari Hermoza Ríos?

1 comentario:

l dijo...

buena redacción!